jueves, 8 de diciembre de 2011

Capítulo V

Los inicios no fueron fáciles. Vicentus, (por aquel entonces sólo Vicentus, ya que aún no había sido nunca derrotado por Pacoramix), era hombre de campo, de batalla, y sabía que para aquella operación necesitaría de manos de cirujano, olfato canino, vista de halcón, vuelo de gaviota, y a la vez de la fuerza bruta. Vamos que no iba a ser un parto fácil, más bien una cesárea (del latin: Cesar) ganar al Druida, que por aquel entonces no sólo mandaba en Benalutecia, sino en toda Gades, en el Cónclave provincial de Zapaterix y hasta en el equipo de balompié del Submarinix Amarillae CF.
Por lo tanto debía armarse de paciencia y comenzar a buscar un equipo de romanos que le ayudaran en la lidia de tan complicado astado. Buscó y buscó por toda la aldea a sus futuros aliados, pero todos tenían miedo al Druida. Antes de desistir, acudió al Oráculo del León, llamado de la Peugeot, donde podía ser aconsejado y que pocas veces se equivocaba. El Oráculo le puso un acertijo que Vicentus tenía que descifrar y que le ayudaría en esta operación de connotaciones gigantescas y animales: le encomendó buscar a un soldado fiero, que pareciera blando por fuera como el pan, pero que a la vez fuese duro como un pico o una regañá. También debía llevar dentro de su interior, en su alma, el ardor de un horno de leña.
Vicentus reflexionó: tiene que ser un hombre independentus, incluso que hubiera sido llamado a probar la pócima de Pacoramix y que si se lo hubiesen propuesto le hubiera dado igual unirse a uno u otro bando. Además debía manejar las cuádrigas, la caballería, y que aunque no fuese RO-mano, fuese RO-mero o RO-ciero.

RRober-Hur era el hombre. No sólo había acertado la adivinanza número 405 de Peugeot, sino que comenzaba a formar un equipo para La Gloria (que también era un Horno y una pastelería de la vecina Chiclanix) …

Continuará

No hay comentarios:

Publicar un comentario